En febrero de 2013, las autoridades detuvieron a un presunto sospechoso de la matanza de 17 integrantes del grupo musical Kombo Kolombia.
La guerra entre grupos criminales ha manchado al país en múltiples ocasiones. Uno de los casos que más estremeció a México fue la masacre de los músicos de Kombo Kolombia, una agrupación muy querida por el público.
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En enero de 2013, se vivió uno de los episodios más trágicos que puso en luto a la escena musical. Diecisiete integrantes de Kombo Kolombia, entre músicos y personal técnico, fueron secuestrados y asesinados por el grupo criminal Los Zetas.
Para entonces, Los Zetas ya habían consolidado una red internacional de tráfico de drogas y se habían ganado la reputación de ser una de las organizaciones más violentas del país.

Aunque originalmente surgieron como brazo armado del Cartel del Golfo, su crecimiento en poder y capacidad de fuego los llevó a separarse y enfrentarse abiertamente con dicha organización, especialmente tras la extradición de Osiel Cárdenas Guillén a Estados Unidos.
En medio de la disputa por el control del territorio en Nuevo León y Tamaulipas, Los Zetas perpetraron la primera gran masacre del sexenio de Enrique Peña Nieto, un crimen atroz que marcó la memoria colectiva y evidenció la ferocidad de la lucha entre carteles en México.

¿Quiénes eran Kombo Kolombia?
Kombo Kolombia era un grupo musical dedicado al vallenato que, pese a su corta trayectoria, ganó rápidamente popularidad en el norte del país.
El 23 de enero fueron contactados por José Isidro Cruz Villarreal, alias El Pichilo, líder de Los Zetas en Nuevo León, para presentarse en un evento.

Antes de ese acuerdo, la agrupación ya había tocado en diversas fiestas y recintos vinculados al grupo criminal.
Las investigaciones posteriores revelaron que el cartel no solo los contrataba con frecuencia, sino que también había financiado parte de su carrera para impulsar su proyección en la región.
El día que Los Zetas asesinó a Kombo Kolombia
La presentación de Kombo Kolombia fue solo la fachada de una brutal venganza. La noche del 25 de enero, los músicos acudieron a una supuesta reunión en la finca La Carreta, ubicada en el municipio de Hidalgo, Nuevo León.
Después de algunas horas de música, un grupo armado irrumpió en el lugar, sometió a los artistas, al equipo de producción, y los privó de su libertad. Todo ocurrió bajo las órdenes de José Isidro Cruz Villarreal, alias El Pichilo.
Los instrumentos quedaron en silencio cuando al menos doce sicarios trasladaron a los secuestrados a un rancho abandonado en Mina, conocido como Las Estacas, cerca de la carretera Monterrey-Monclova.

Según las autoridades, diecisiete integrantes de Kombo Kolombia fueron brutalmente torturados, obligados a hincarse y ejecutados con disparos en la cabeza. Para borrar rastros, los asesinos arrojaron los cuerpos al fondo de un pozo.
Entre las víctimas se contaban trece músicos, tres miembros del staff y un ingeniero de sonido. Solo uno logró sobrevivir. Versiones extraoficiales señalan que Los Zetas le perdonaron la vida con el propósito de que difundiera el crimen y enviara un mensaje claro y aterrador a los rivales del grupo criminal.

Autoridades capturan a El Pichilo
El joven que logró escapar de la masacre fue quien informó a las familias del resto de los integrantes sobre lo ocurrido. Los cuerpos fueron recuperados el 26 de enero por elementos de Protección Civil del Estado.
“Poderoso Kombo Kolombia, los creadores de la mejor cumbia del planeta”, se leía en las playeras que vestían durante su última presentación, un símbolo amargo de una carrera truncada.
No fue sino hasta marzo de 2014 que las autoridades lograron capturar a José Isidro Cruz Villarreal, alias El Pichilo.

Solo entonces se confirmó el motivo detrás de la matanza. Durante su declaración, El Pichilo confesó que Los Zetas consideraron una traición que Kombo Kolombia también se presentara en eventos organizados por el Cartel del Golfo.
“Según el detenido, en sus inicios ellos (Los Zetas) los apoyaron, y al ver que estaban participando en eventos del grupo antagónico, deciden eliminarlos”, explicó en su momento el entonces procurador de justicia de Nuevo León, Adrián de la Garza.
Así fue como una supuesta traición desató la furia del crimen organizado, acabando con la vida de diecisiete personas y con el futuro de una banda que apenas comenzaba a ganarse el cariño del público.

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