Han surgido diversas imágenes de cómo era el campo de exterminio presuntamente operado por el Cartel Jalisco Nueva Generación.
En Jalisco se encuentra ubicado un predio de aproximadamente una hectárea de extensión que era conocido por muchos como La Escuelita, pero entre sus muros no había aulas ni pupitres. Pero lo que sí existía era un campo de exterminio operado por uno de los Carteles más famosos de México.
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El lugar servía para formaban a sangre y fuego a próximos “soldados” del narco; jóvenes reclutas a los que llevaban, en su mayoría, con engaños. Se dice que algunos sí sabían con exactitud a qué iban debido a que les ofrecían un buen pago.
Madres buscadoras descubren crematorios clandestinos
En el Rancho Izaguirre, localizado entre laberintos de tierra, el humo de leña que se usaba para cocinar se mezcló con el de la carne humana calcinada. Ahí, hombres y mujeres fueron adiestrados en el manejo de armas, pero también para desmembrar y desaparecer restos humanos.

La zona ya había sido “intervenida” en septiembre de 2024 durante un operativo en el que participaron elementos de la Guardia Nacional y la Fiscalía General del Estado (FGE) de Jalisco. Pero las autoridades no encontraron nada.

Sin embargo, en marzo de este año un colectivo de madres buscadoras entró al lugar y descubrieron tres crematorios clandestinos. Lo que hallaron fue realmente escalofriante: montañas de ropa y zapatos abandonados, listas de nombres, maletas y fragmentos de hueso entre las cenizas.
Todo bajo la mirada de la Santa Muerte.
Sobrevivientes de La Escuelita narran su testimonio
En el rancho que tenía una fachada que fácilmente pasaba desapercibida había espacios bien distribuidos: área administrativa, gimnasio y dormitorio, cocina, baños, pista de entrenamiento, zona de obstáculos, almacén y carnicería.

“Desde que llegamos a la casa me dijeron que me encuerara, que me quitara el bóxer. Había que brincar por si traías un chip en el culo (sic) (…) En eso nos dicen, desde este momento empiezas a trabajar, ¿tienes algún problema?”, narró uno de los sobrevivientes.
En una habitación de 50 metros cuadrados operaban los encargados del centro de adiestramiento, ellos ocupaban libretas profesionales para escribir nombres y apodos de los jóvenes a quienes posteriormente les daban tareas específicas.

Una bodega funcionaba como dormitorio y gimnasio. En ese lugar había que adorar a la Santa Muerte:
“Dormíamos en posición fetal, muy pegados unos de otros, porque se llevaban gente, pero casi a diario llegaba gente nueva”, dice un hombre que sobrevivió a este lugar luego de estar dos semanas “que fueron eternas”.

Dentro del rancho también había un espacio usado para torturar a quienes se negaban a hacer una tarea:
“Todos los días nos pegaban por cualquier cosa, así nos mantenían con miedo. Desde que llegamos lo primero que te hacen —luego de que te desnudan— es agarrarte a tablazos”.

Aprender a matar para poder vivir
Uno de los sobrevivientes contó que él llegó al rancho procedente de Guanajuato, le habían ofrecido una oferta de empleo como guardia de seguridad, pero era falsa:
“Los que me tocó ver a mí, los mataron porque preguntaban si alguien quería irse y los que respondían que sí, los mataban enfrente de todos. También mataban a los que se querían escapar brincándose la barda… Los dejaban correr y cuando se colgaban de la barda es cuando les disparaban”.
En el lugar también se encontraron decenas de señalamientos viales que sirvieron como tiros al blanco.
“Esos ya se usan cuando te enseñan a disparar con AK47 y con arma corta… Ahí no hay ‘no puedo, no quiero’. ¡Nada! Si te mandan por un papel de baño o te piden torturar a tu compañero, lo tienes que hacer. No hay más oportunidades”, narró.

No obstante, recordó que las primeras prácticas se hacían simulando combates entre los ingresados, utilizando pistolas de gotcha. Primero el ‘juego’, luego la práctica.
“Te enseñan a moverte en interiores, a saber cómo ubicar salidas, zonas seguras o emboscar”.
Hasta el fondo del rancho estaba la “carnicería” donde enseñaban a los reclutas a desmembrar restos humanos. Como fuera, como se pudiera.
“No nos enseñaban una técnica como tal, más bien era como tú fueras entendiendo. No hay día que no piense en eso y no hay día que no me atormente. Al principio ni podía dormir, pero en ese momento tenía que hacer las cosas para seguir vivo”, recordó uno de los sobrevivientes.

El número de personas que fueron desmembradas y calcinadas en este lugar es incierto. Ninguna de las personas que dieron su testimonio pueden ofrecer un dato sobre la cantidad de fallecidos en este lugar.
“Yo estoy de este lado porque nunca perdí la fe en Dios y lamentablemente, y Diosito lo sabe, a lo mejor tuve que hacer varias cosas para ganarme varios privilegios”.
El lugar dejó de ser operado por la delincuencia organizada en septiembre de 2024, sin embargo, el gobierno de Jalisco jamás informó sobre su localización ni de los indicios encontrados en su interior.
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