A pesar de ser uno de los más rudos, Pierroth Jr supo cómo ganarse el cariño de todo el público y su carrera sigue siendo recordada por muchos.
Pierroth Jr es recordado por ser uno de los luchadores más fuertes del deporte mexicano. Su máscara y personalidad única lo llevaron a consolidarse dentro de medio por muchos años.
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A pesar del tiempo, muchas personas consideran que Pierroth Jr. cuenta con una de las carreras más prestigiosas, aunque un desafortunado accidente hizo que el famoso se apartada de los cuadriláteros de manera definitiva.
Si quieres saber qué pasó con el luchador te invitamos a seguir leyendo estas líneas.

¿Quién es Pierroth Jr,?
Norberto Salgado Salcedo nació el 10 de marzo de 1958 en Cuernavaca, Morelos. Desde pequeño mostró interés por los deportes de contacto, pero fue la lucha libre su mayor sueño. En su adolescencia, entrenó en la Arena Isabel, destacando rápidamente. En 1984, debutó como Pierroth Jr., personaje ya utilizado en Cuernavaca.

Con el tiempo, conquistó el Campeonato de Peso Semipesado de Morelos y los títulos en parejas con El Judío. Su éxito llamó la atención de la EMLL, que lo firmó en 1985. Ahí ganó los Campeonatos de Parejas con Bestia Salvaje y el Campeonato Nacional Semicompleto.

Más tarde, formó parte de Los Intocables junto con Masacre y Jaque Mate, enfrentando a Los Infernales en duelos memorables. Luego, en su carrera individual, desenmascaró a Supremo y El Boricua.
En 1995, dejó el Consejo para unirse a AAA, donde rivalizó con Cien Caras, Konan y Cibernético. Se convirtió en el primer Campeón de Campeones y tuvo una breve participación en la WWF antes de regresar a México.
Posteriormente, luchó en Promo Azteca y el circuito independiente, donde avivó su rivalidad con LA Park. En 1998, ambos apostaron sus máscaras en un combate intenso. Pierroth perdió su incógnita de manera legítima, mostrando respeto por su oponente.

Su trayectoria lo consolidó como un referente de la lucha libre mexicana, dejando un legado imborrable en el cuadrilátero.
La incursión de Norberto Salgado en la WWC
Tras perder su máscara en México, Pierroth viajó a Puerto Rico para competir en la WWC, donde protagonizó una intensa rivalidad con Ray González. En una serie de tres combates, demostró su dominio como rudo, ganándose tanto el rechazo como el respeto de la afición boricua.
Al finalizar esta etapa, regresó al Consejo Mundial con una nueva identidad. Ahora como el Comandante Pierroth de Puerto Rico, formó el Comando Boricua, una facción que generó gran animadversión por su actitud desafiante hacia los mexicanos.

Con el tiempo, el Comando sufrió una división interna, lo que llevó a Pierroth a enfrentarse a los disidentes para restaurar el orden. Finalmente, logró imponerse sobre Gran Markus Jr., Cien Caras y Violencia.
Sin aliados, intentó unirse a Los Perros del Mal, pero la facción lo rechazó y lo atacó en repetidas ocasiones. En respuesta, Pierroth formó un grupo de enmascarados para tomar represalias. En una noche memorable, humilló a sus rivales obligándolos a comer comida para perros.
Esto derivó en una lucha de apuestas contra Héctor Garza, quien lo derrotó y le rapó la cabellera. Tras la contienda, Los Perros del Mal le devolvieron la afrenta, obligándolo a comer nopales en señal de humillación.
Un accidente que cambió el rumbo de su carrera
Con el paso del tiempo, la brillantez en la carrera de Pierroth comenzó a desvanecerse. Tras su intensa rivalidad con Los Perros del Mal, su nombre dejó de figurar en los eventos estelares del Consejo, y cada función se convirtió en un reflejo de su incertidumbre. Se preguntaba si aún quedaba algo por pelear o si era momento de tomar otro camino.
El 2008 marcó un punto crítico. La idea del retiro rondaba su mente, pero antes de tomar una decisión, su salud comenzó a deteriorarse. Problemas en el apéndice lo llevaron al quirófano en varias ocasiones, pero fue un derrame cerebral lo que terminó con cualquier plan que aún albergaba.

La vida le dio un golpe cruel. Pierroth quedó en silla de ruedas y con dificultades para hablar. Su sueño de un retiro digno se desmoronó en un instante. Sin embargo, su legado nunca se apagó. En todo el país, recibió homenajes que reconocieron su grandeza.
A pesar de su trágico destino, su historia continuó viva en el corazón de los aficionados. Algunos luchadores tomaron su estandarte, mientras colegas y seguidores lo recordaron como lo que siempre fue: uno de los rudos más imponentes que pisaron un cuadrilátero.
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